Más allá de que las intervenciones no son propiedad de nadie, hoy me propongo hablar de aquellos modos de proceder que como herramientas de trabajo son utilizadas dentro del encuadre psicoanalítico y de los efectos que a partir de ellas se producen en el paciente. Empecemos por el principio.
¿Qué es el acto psicoanalítico? Son las intervenciones propias del psicoanalista, sus formas de hacer o herramientas específicas que están orientadas a propiciar la emergencia del sujeto del inconsciente.
Intervenir supone siempre la existencia de un antes y un después, de algo que pasa a ser otra cosa.
Frente a otras formas de hacer como la dominante en el modelo médico, donde el individuo llega con su dolencia y se coloca en posición pasiva ante el médico que le dice lo que tiene que hacer desde el lugar del saber, el acto analítico trata de ayudar al individuo a recuperar el estatus de sujeto-activo, lo que implica un reencuentro con su propio saber sobre sí. En este sentido, las intervenciones del analista van en la línea de que el individuo se reapropie de lo suyo y renuncie a la trampa de remitirse al otro, lo que supone en definitiva un acotamiento de su forma de goce. De la misma forma, todas las intervenciones que van orientadas a limitar aquellos comportamientos en los que el analista puede percibir la presencia del goce (llegar tarde a consulta, quejarse continuamente, pedir continuamente cosas al analista, etc.), están contribuyendo a la constitución de un sujeto donde antes había un objeto de goce.